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/ pp 17-29 / Año 13 Nº24 /
JULIO 2026 – NOVIEMBRE 2026
/ ISSN 2408-4573 / DOSSIER TEMÁTICO
enfocarse en las dinámicas sociales cotidianas, donde las personas construyen significados a partir de sus propias
experiencias. En este sentido, la cultura no consiste en recibir pasivamente, sino en ejercer una acción activa mediante
la cual cada uno reconfigura aquello que los otros le han dado para vivir y pensar (Certeau, 1996).
En estrecha relación con esta idea de cultura, otro aspecto relevante en el pensamiento de Certeau es la noción de
otredad. Si bien la noción del Otro adquiere diversas configuraciones en sus escritos, para el autor:
El Otro es aquel que posee valores, creencias, hábitos y saberes diferentes. Es quien o aquello que surge en
medio de las crisis de lo que es creíble y da lugar a nuevas formas de credibilidad. El Otro es aquello que no
se posee ni se controla. Es lo que escapa, lo imprevisible, lo inesperado, lo excluido, el inmigrante, el
marginado, el extranjero. El Otro es misterio y sorpresa. Representa la alteridad radical, la diferencia ante la
cual debemos abrirnos para poder crear. (Ferraço, Soares & Alves, 2018, p. 15, traducción propia)
Estas reflexiones han sido retomadas y ampliadas por grupos de investigación en diversas universidades brasileñas
desde hace más de treinta años. Este proceso dio origen a una corriente de pensamiento en el campo de la investigación
educativa conocida como
Investigaciones con los Cotidianos
, que reconoce la vida cotidiana como espacio de
producción de saberes y sentidos.
Desde esta perspectiva, la articulación de saberes en los cotidianos favorece la creación colectiva de
nuevos-otros
conocimientos, tejidos en las prácticas escolares y en las posibilidades de mundo. Por tanto, para esta corriente, el
término
cotidianos
remite a la “dimensión creadora de la vida y, principalmente, de la vida en sociedad, y de los
diferentes modos de existencia humana producidos y productores de los múltiples
espaciotiempos
en los que esta se
inventa y se realiza, día tras día” (Ferraço, Soares & Alves, 2018, p. 90, traducción propia).
En este marco, los cotidianos no son escenarios de reproducción, sino territorios de invención, donde los sujetos —
docentes, estudiantes, comunidades— movilizan saberes, negocian sentidos y configuran mundos posibles. Los
cotidianos aluden tanto a los creadores de la vida diaria como a sus creaciones, que pueden ser simultáneamente
singulares y colectivas. Dentro de estas creaciones se encuentran:
Los sujetos —que somos y en los que nos transformamos—, nuestras prácticas y los sentidos que les
atribuimos, tejiendo y articulando redes de
conocimientossignificaciones
y de relaciones que van constituyendo
nuestras subjetividades y orientando nuestras acciones. Los cotidianos, entonces, como lugar de producción
de conocimientos —entre ellos, los valores— y de producción de la existencia. (Ferraço, Soares & Alves, 2018,
p. 90, traducción propia)
En el ámbito escolar, esta comprensión se transcribe en los llamados
cotidianos escolares
, que remiten a:
La vida en las escuelas, sus dinámicas creadoras de conocimientos y modos de existencia, y el entramado de
estos con conocimientos y modos de conocer creados en otros contextos (medios, ciencias, artes, iglesias,
movimientos sociales, estructuras de gobierno, vecindario, etc.). La escritura en plural busca dar cuenta de la
heterogeneidad, la multiplicidad y las singularidades que los constituyen. Los cotidianos escolares remiten,
por tanto, al contexto social en el que se produce el entrelazamiento de las redes de
conocimientossignificaciones
y de sentidos tejidas
dentrofuera
de las escuelas, con la finalidad de
aprenderenseñar
, formar y formarnos. (Ferraço, Soares & Alves, 2018, p. 90, traducción propia)
Desde esta comprensión, el currículo puede pensarse como una producción cultural situada. Retomando las ideas de
Certeau y el enfoque de los cotidianos escolares, se incorpora al marco referencial la noción de currículo como
producción cultural. Al respecto, Garcia (2015) propone:
La comprensión del currículo como una producción eminentemente cultural, que se realiza, al igual que los
sujetos […], en sus prácticas, saberes y valores, nos ayuda […] a vislumbrar posibilidades de desplazamientos
y resignificaciones de las lógicas y representaciones hegemónicas a partir de los currículos vividos y de la
potencia de la acción colectiva. (Garcia, 2015, p. 299, traducción propia)
Pensar el currículo desde los cotidianos implica reconocer su carácter dinámico, situado y vinculado a las experiencias
vividas. Esta mirada abre paso a prácticas educativas más inclusivas, dialógicas y comprometidas con la justicia social.